Obituarios Muere Iván Zulueta, cartelista y director de culto, autor de «Arrebato»
| |
MADRID - Pocos directores han sabido labrarse una leyenda con tan sólo dos largometrajes. A Iván Zulueta (San Sebastián, 1943) le sobró uno. En 1969 dirigió la olvidada «Un, dos, tres, al escondite ingles», una parodia del festival de Eurovisión adelantada a su tiempo. En 1980 parió la obra de culto por excelencia del cine español, que no duró ni una semana en cartel, hasta que los viejos Alphaville acogieron aquel título extraño que, poco a poco, fue hipnotizando a un número creciente de fieles, enganchados a su hechizo. Vista hoy, «Arrebato» seguirá despertando incomprensión, pero siempre habrá unos ojos fascinados que intenten atrapar junto a su protagonista esos fotogramas en rojo, aterradores y mágicos, el cine como droga.
Como diseñador de carteles, el prestigio de Zulueta no era menor, esta vez acompañado por una actividad prolífica. Trabajó para Almodóvar, Borau, Gutiérrez Aragón, Garci y Albadalejo, entre otros. También destacó en el campo del dibujo y en el de la fotografía, donde experimentó con polaroids retocadas.
Como realizador, la carrera de Zulueta se vio truncada por la heroína, adicción que ni sus esfuerzos ni la metadona lograron superar. Sus más íntimos y él mismo no perdieron nunca la esperanza de que volviera a rodar. Sus últimos trabajos como realizador fueron para TVE. En 1989 dirigió «Párpados», un episodio de la serie «Delirios de amor», y en 1993 grabó «Ritesti», capítulo de «Crónicas del mal».
En los últimos años, vivió un pequeño renacimiento con la edición en DVD de «Arrebato» y de algún corto, como «Leo es pardo», que tiene el curioso mérito de haber sido pateado en el festival de Berlín durante ocho de los diez minutos que dura. Con «Arrebato» las cosas no fueron más sencillas. Una semana después de comenzar el rodaje en la finca La Mata, de Jaime Chávarri, los problemas económicos llevaron a la mitad del equipo a abandonar el rodaje. Que la película parezca caótica no es casualidad, sobre todo si se tiene en cuenta que las televisiones la han emitido más de una vez con los rollos desordenados. Ayer, la muerte puso fin en San Sebastián a una vida caótica y, al mismo tiempo, digna de entrar en la leyenda.